Usted está aquí

Corte Suprema de Justicia recuerda condiciones para indemnizar incumplimiento de propuesta que se dice acogida

La Sala Civil de la Corte Suprema de Justicia mediante la Sentencia SC-27752018, recordó que, como principio rector de los negocios, las partes están obligadas a cumplir a lo que se comprometen, inclusive desde sus inicios, tanto así que el Código de Comercio desarrolla la figura de la oferta, consistente en la propuesta sería que una de ellas pone en conocimiento de otra u otras para su aceptación, con el propósito de sacar adelante un proyecto debidamente estructurado.

Dicha etapa, a su vez, puede estar precedida de conversaciones encaminadas a su materialización, en las que los interesados delinean los puntos preliminares que le van dando vida, pero sin que tenga la entidad suficiente para darla por configurada, puesto que esto solo se da cuando se han superado diferencias y vacíos que le restan peso.


En efecto, la oferta como acto jurídico unilateral ostenta unas características que la distinguen de las tratativas, acuerdos prenegociales o invitaciones a negociar, las cuales forman parte de la etapa precontractual, y aun de la propaganda, la publicidad, las promociones dirigidas a personas indeterminadas, entre otras, las que, en protección del consumidor, la ley torna vinculantes.

Justamente, para que una oferta tenga eficacia jurídica debe ser firme, inequívoca, precisa, completa, identificarse como un acto voluntario del oferente y estar dirigida al destinatario, o destinatarios, y llegar a su conocimiento.

Esto significa, entonces, que para que exista una oferta se requiere la voluntad firme y decidida para celebrar un contrato, lo que la distingue de los simples tratos preliminares, en los que, generalmente, esa voluntad todavía está ausente.

En contraposición al ofrecimiento, para que el pacto se entienda debidamente concertado se requiere de la aprobación inequívoca, expresa o tácita, del destinatario, que, por demás, debe ser incondicional y oportuna, pues en caso de ser extemporánea o estar acompañada de reparos constituye un nuevo intento ajeno al anterior, el cual debe ser considerado por los demás intervinientes.


Ahora bien, una vez surtida la comunicación del asentimiento absoluto y tempestivo frente a lo brindado, lo que en sí constituye el pleno acuerdo de voluntades, deviene el nacimiento automático del contrato, si con ello es suficiente, o el cumplimiento de las exigencias de rigor, cuando la ley contemple formalidades para su perfeccionamiento, lo que, incluso, puede quedar diferido a criterio de los intervinientes y respaldado con una promesa mientras se logra su cumplimiento.  
 

Así mismo, el alto tribunal resaltó que el solo agotamiento de algunos pasos previstos en el curso de los diálogos o las concesiones recíprocas que se hagan quienes intervienen en ellos no tienen la entidad suficiente para deducir, inexorablemente, que son el producto de la materialización de la oferta y su aceptación, porque pueden obedecer a situaciones aisladas en el curso de unas tratativas que, por razones sobrevinientes, impidieron concretar tal ajuste.

De ahí que cuando se busca la reparación del daño por el incumplimiento de una propuesta que se dice acogida deben quedar plenamente establecidas ambas condiciones para, ahí sí, determinar qué responsabilidad le asiste a quien no honra su palabra, eso sí con la advertencia que, de todas maneras, a la luz del Código de Comercio las partes deberán proceder de buena fe exenta de culpa en el periodo precontractual, so pena de indemnizar los perjuicios que se causen, lo que sería propio de otro tipo de acción en el campo precontractual.